jueves, 28 de agosto de 2014

Anātman, la característica del No-Yo

En el camino del Dharma, no se busca que las enseñanzas o los sermones sean aceptados sin más. No se puede aspirar tampoco a la aceptación a través de un razonamiento intelectual. Esto es algo bueno, es magnífico que la evolución haya dado la capacidad de razonar a la especie humana. Sin embargo no podemos limitarnos a definirnos a nosotros mismos como ‘aquello que razona’ o ‘el producto de todos mis razonamientos’.

Somos una expresión de vida y de consciencia. Por ello sentimos, pensamos, actuamos y cambiamos. Cada una de estas expresiones tiene un inicio y un fin. Cada sensación, cada pensamiento y cada acto nace y muere, pues su naturaleza es impermanente. No son por sí mismos. No tienen una existencia independiente. Esta ley de la naturaleza es la misma que vemos en nuestro propio cuerpo, que cambia momento a momento, y en cada cosa en la que ponemos nuestros ojos. ¿Dónde está su existencia? Ello es un momento, un suspiro, un abrir y cerrar de ojos en donde nos engañamos a nosotros mismos, porque somos capaces de ver las olas en la superficie, apareciendo y desapareciendo, pero no nos damos cuenta del fondo del mar.

Nos confundimos porque hablamos de ‘olas’ y de ‘mar’, de ‘esto’ y ‘aquello’ y nos separamos de su propia realidad.

Cuando nos centramos en la meditación usando la atención en la respiración, anapanasati, decimos que el aire entra por las fosas nasales y el aire sale por las fosas nasales. Esto está bien para empezar, pero hay que ir más lejos. Estamos PENSANDO ‘ahora el aire entra’ y ‘ahora el aire sale’. ¿Dónde está el aire? No hay una cosa que sea por sí misma ‘aire’. Deberíamos decir ‘entra y sale una masa de gases de distintos tipos por mis fosas nasales’. Aunque más que ‘gases’, ¿por qué no hablar de moléculas? ¿Por qué no de átomos? ¿Por qué no hablar de sus integrantes? ¿Qué hay de las divisiones de éstos? ¿Quarks? ¿Vibraciones? Por lo visto no salimos del dominio de los pensamientos. Ser conscientes de nuestra respiración no es analizar lo que sucede, no es tomar las entradas sensoriales y juzgarlas, aunque sea de un modo científico, sin apego o aversión. Observar es observar. Atención es atención. Si queremos llegar a vivir con plena consciencia no podemos quedarnos atrás en el dominio de la mente que piensa y analiza. Si los pensamientos surgen, eso no es algo malo. Hay que mirarlos con la ecuanimidad que nos permita no aferrarnos a ellos. Así mostrarán su verdadera naturaleza, que es la impermanencia. Tal y como han venido, se irán de nuestro campo de atención. Así también ocurre con las sensaciones de nuestro propio cuerpo.

Pensar en la respiración no es tomar consciencia de la respiración. Soltando entonces los conceptos nos queda la experiencia desnuda, tal cual. De nuestros conceptos emerge la multiplicidad de las cosas que vamos definiendo, a veces de un modo enfermizo. Nacen los mil ‘yoes’ y, mientras los agarramos en nuestra mente, no somos capaces de ver la impermanencia. Ver la impermanencia no es conceptualizarla, aunque en un escrito como éste estemos recurriendo continuamente a las palabras. Ver la impermanencia es resultado de la Correcta Atención, así como el engaño que nos creamos nosotros mismos al definir y conceptualizar todo lo que está a nuestro alrededor. Esto no debe ser válido como razonamiento, ni nada parecido. Como mucho podrá ser tomado como referencia para ver la evolución de la práctica del camino meditativo.

Si allá donde hemos puesto conceptos y nombres hay impermanencia en todas las cosas, ¿dónde está la impermutabilidad que pretendemos llamar el ‘yo’ de esto o aquello? Si la disolución alcanza cada rincón de la mente, aunque sea por un instante diminuto, entonces se empieza a intuir la verdadera naturaleza, no de un objeto, una persona o una idea, sino la verdadera naturaleza de la verdadera naturaleza.

¡Soltemos las prisiones de los conceptos y de los yoes! Y respecto a estas palabras no aceptéis nada de esto, pues nos quedaríamos en una nueva cárcel intelectual. Vivamos y experimentemos la respiración y cada cosa con atención plena, no nos dediquemos a pensarla.

Impermanencia, No Existencia de un Yo independiente o por sí mismo, y Sufrimiento por no entender realmente esta Verdad de la Naturaleza, no son tres cosas (aunque lo definamos como las caracteríasticas de todas las cosas), a pesar de usar estos términos o conceptos para comunicar unos a otros cosas más profundas que están bajo las cáscaras.

Os deseo que la experimentación directa de esta realidad nos libere a todos.

Wù Liáng Shakya




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