lunes, 30 de julio de 2012

Asimilando la enseñanza por uno mismo

El Buda dijo a los kalamas de Kesaputta que poner en duda las enseñanzas era algo bueno. Que no aceptaran algo porque lo hubiera dicho autoridad alguna, ni siquiera la del Bendito, sino porque ellos mismos las hubieran probado y hubieran visto que eran buenas para ellos.

Ésta es parte de la gran enseñanza del Buda, quien predicó un camino para ser realizado en cada aspecto de la vida, no resuelto o terminado en un nivel intelectual. La Sabiduría budista es Sabiduría proveniente de la experiencia de haber vivido las enseñanzas, especialmente en lo relativo al sufrimiento y al cese del sufrimiento.

En verdad esto es conveniente para cualquier práctica interior o espiritual. Evitemos quedarnos en un nivel racional y movamos la rueda de la vida con esas mismas lecciones. De lo contrario sólo servirán para satisfacer la curiosidad del Ego.

Aquí se tiene un enlace al sutra de los kalamas con comentarios previos sobre la enseñanza del mismo por Buddhadasa Bhikkhu (cortesía de ACHARIA):
http://www.acharia.org/downloads/Help_the_Kalama_Sutta_help.pdf

miércoles, 18 de julio de 2012

Criticando y volviendo a criticar

Con qué facilidad el ego toma el mando y empieza a expresarse juzgando lo que ve a su alrededor. Esto es especialmente notable cuando nos desagrada algo y buscamos a través del juicio hacer a otros partícipes de nuestras convicciones. Muchas veces nuestras críticas apuntan mucho más allá, y englobamos a toda una persona o grupo de personas bajo una clasificación debida a una acción puntual.


Hagamos algo para aproximarnos a esto, preguntémonos "quién soy yo" pero desde la perspectiva de las personas que interactúan con nosotros día a día, conocidos y desconocidos. Nos podríamos encontrar con respuestas desde sus hipotéticas bocas como:
(un vecino) "eres una persona discreta y silenciosa"
(alguien que coincidió contigo en una fiesta) "eres un chillón"
(un conductor que iba en un coche como tú) "eres un conductor amable porque me has cedido el paso"
(otro conductor): "eres un maleducado porque no me dejaste incorporarme a tu carril"
y tantos otros ejemplos...


¿Quién o qué somos en realidad? Nada de eso. Todas esas conductas por las que otros nos han juzgado han sido sólo eso: hechos sueltos. Sin embargo solemos buscar hechos repetitivos para definir a una persona, pero vuelve a ser lo mismo: hechos sueltos que se repiten más o menos veces. Cualquier conducta o acción tiene un inicio y un fin, ya que su naturaleza profunda está vacía. Por lo tanto ¿qué somos? Lo más aventurado sería decir "somos algo o alguien que hace cosas". ¿Puede ese algo ser bueno o ser malo? En realidad no, porque lo que en verdad calificamos como tal, dentro de un contexto social (y como tal relativo, no absoluto), son los hechos sueltos, las acciones. Aquí tenemos la advertencia: en realidad estamos juzgando las acciones, no a las personas.


Teniendo esto presente evitamos caer en el juicio del "ser" para indicar algo en el aspecto del "actuar en un contexto social". La existencia profunda de cualquier cosa es impermanente y vacía. ¿Puede este Vacío ser bueno o malo? ¿Flaco o gordo? ¿Madrugador o perezoso? Con los juicios sobre lo que algo "es" sólo nos condicionamos a nosotros mismos a mirar las cosas desde un único ángulo... y todo está sometido al cambio según la Ley de la Naturaleza. ¿Qué razón podremos tener entonces al respecto?

Si una persona hace una mala maniobra al volante es preferible decir "esta persona acaba de hacer una maniobra peligrosa/imprudente", antes que decir "este tipo es un mal conductor" (por no poner ejemplos cotidianos más malsonantes). ¿Conocemos en realidad cada minuto y cada segundo de la vida al volante de esa persona? ¿Acaso no puede estar en una situación límite de nervios o alteración debido a un problema y por ello hacer una mala maniobra al volante? Esto no justifica las "malas acciones", sólo pretende prevenirnos de confundir el "ser" con el "hacer una acción puntual".

Es preferible no dejarnos llevar por los juicios del ego. Pero vemos en el día a día más cotidiano que estas cosas suceden. ¡Estupendo! Usemos esto como un ejercicio de práctica, similar a la meditación vipassana (por favor, entiendan que no me refiero a que sea lo mismo, sino un enfoque similar). Cuando alguien haga algo y por el motivo que sea tengamos que comentar o valorar esa acción digamos "esa persona ha hecho tal cosa" en lugar de la crítica limitante y falsa de "esa persona es tal cosa". El juicio inmediato del ego es algo que se puede truncar viendo qué cosa está naciendo en nosotros (qué emoción, qué sentimiento, qué juicio de valor) y en base a esto comunicar algo no dependiendo del ego.

"Las cosas son como son", no buenas ni malas, mejores o peores y tienen su causa que les lleva a expresar su propia naturaleza. La causa última de todas las cosas (la verdadera "culpable" de todos los hechos) ha dado lugar a lo que hay de bueno y de malo, de dañino y de benefactor... ¿quién juzga la causa primera como esto o aquello?

Sin juicio, limitamos la expresión del ego y las cosas vuelven a ser simplemente cosas. Y pudiendo ver la naturaleza expresada en esto y en aquello, la Paz aparece por sí misma.

jueves, 12 de julio de 2012

Tomando consciencia y dejándola ir


En nuestro día a día más común, nos movemos en un estado mental orientado a objetivos: tengo que levantarme pronto y salir de casa rápido y no tener atasco para llegar al trabajo, acabar unos resultados para presentarlos al jefe, hacer tal o cual tarea al acabar la jornada laboral, planear el fin de semana, ver la película que emiten esta noche en la televisión…y cuando volvemos a la cama nos planteamos los objetivos del próximo día, tal vez adelantando diez minutos el despertador…

En este estado la mente está nublada por las proyecciones sobre los mil futuros posibles, “viviendo o creyendo vivir” en esos lugares imaginarios, donde piensa que se encontrará más completa al haberlos conseguido. La mente es la mente, y no se completa con las diez mil cosas externas a ella misma, sino que sólo se condiciona y por lo tanto se vuelve dependiente de las mismas.

El engaño está en creer que esa dependencia será conveniente para lograr la felicidad. Tratemos de presentar un caso de toda una vida desde la adolescencia de un muchacho que empieza a plantearse lo que desea para lograr esa felicidad:
-Cuando me vaya fuera de casa de mis padres a estudiar seré más feliz
-(una vez logrado) Cuando lleguen las vacaciones seré más feliz
-Cuando conquiste a esa chica seré más feliz
-Cuando empiece a trabajar y a tener dinero seré más feliz
-Cuando me case seré más feliz
-Cuando tenga hijos seré más feliz
-Cuando encuentre un trabajo mejor y tenga más dinero seré más feliz
-Cuando mis hijos sean mayores y tenga tiempo para mí seré más feliz
-Cuando me jubile seré más feliz
-Cuando pase esta enfermedad que tengo seré más feliz
-Cuando mis hijos vengan a visitarme y a pasar una temporada conmigo seré más feliz
-Cuando salga del hospital y me cure seré más feliz
-Si pudiera volver a ser joven, sano y libre sería feliz (volviendo a entrar en el ciclo de la corriente de desear esto o aquello)

Cualquier meta que esta persona se planteó sólo fue un “fin” temporal, carente de permanencia. Esa felicidad de la que se habla con facilidad es una chispa efímera de satisfacción de nuestros sentidos (los cinco sentidos físicos o los pensamientos mentales). Pero la sensación de satisfacción sólo genera apego a necesitar sentirse satisfecho, entrando en una espiral en la que nos preocupamos más por el “qué necesito ahora para sentirme más completo”, que por el hecho de “sentirnos” propiamente dicho.

Entramos así en un planning de vida sin fin alguno.  Estamos realizando un viaje a la playa y no dejamos de pensar en cuándo iremos a la montaña o a la ciudad. Estamos perdiendo así completamente lo único que realmente somos: el momento presente. No se trata de convencernos de que “ya estamos en el mayor logro posible y por lo tanto no necesitamos movernos de esta situación”, sino de ver con todo nuestro ser dónde estamos ahora y qué sentimos ahora. Ahora y sólo ahora, ello define lo que “somos”, no los recuerdos del pasado ni los pensamientos sobre el futuro. Y sin embargo es en la verdadera contemplación del presente, cuando vemos que todas las cosas vienen y van, aparecen un día y se van al otro. ¿Qué es lo que queda? Lo que siempre ha quedado: el momento presente. El cambio y la impermanencia son las características de todas las cosas, por lo que la idea de una “felicidad” verdadera no puede ser dependiente de las mismas.  

Si probáramos a quedarnos sólo unos poco segundos apuntando con nuestra mente al presente, descartando el moverla a situaciones del pasado o a pensamientos sobre el futuro, sólo contemplando el ahora ¿qué sucede? Nada… nada… las aguas en movimiento se calman y se vuelven transparentes pudiendo ahora “ver” más profundamente en nosotros mismos y en nuestro alrededor. Los deseos no nacen porque estamos ocupados plenamente “en el presente”, perdidos incluso de nuestra identidad, que es aquello que nos recuerda continuamente de dónde venimos (pasado), y dónde queremos llegar (futuro), dificultándonos el encontrar la paz del momento presente. 

La cosa más profunda es aquella que no tiene fondo. ¿Dónde acaba el momento presente si nuestra mente apunta al mismo?

miércoles, 11 de julio de 2012

Discurso de Linji (Rinzai)

De nuevo, un toque de atención para apuntar a la Mente Original. Extraído de La Enseñanza Zen de Rinzai:


El maestro dijo:
-Hoy los estudiantes del Buddha-Dharma necesitan buscar el discernimiento genuino (entendimiento verdadero). Si ustedes tienen un discernimiento genuino, el nacimiento y la muerte no les afectará; y estarán libres de ir y venir. No necesitan buscar por mérito alguno; él surgirá por sí mismo. Seguidores del Camino, los antiguos maestros tenían formas de hacer hombres. No se dejen engañar por nadie; esto es todo lo que yo enseño. Si quieren hacer uso de ello (el discernimiento genuino), entonces úsenlo ahora mismo sin demora o duda.

Pero los estudiantes de hoy en día no triunfan porque ellos sufren por la carencia de autoconfianza. Por esta carencia ustedes corren constantemente ocupados, dirigidos por las circunstanias (las diez mil cosas), de aquí para allá o de un lado para otro. Por lo tanto no pueden encontrar la liberación. Pero si pueden detener vuestro corazón de su carrera incesante tras la hélice de la voluntad, no serán diferentes al Buda y a los patriarcas. ¿Quieren conocer al Buda? No es otro que ese que aquí en vuestra presencia está escuchando el Dharma.


Simplemente porque carecen de confianza en sí mismos, se dirigen hacia el exterior y corren tratando de buscar. Incluso si encuentran algo allí, es sólo palabras y letras y nunca el espíritu viviente de los patriarcas. No se engañen. Venerables estudiantes del Zen, si no lo encuentran en este mismo momento, circularán en los Tres Mundos (deseo, forma y no-forma), por diez mil kalpas y mil nacimientos.


Seguidores del Camino, como yo lo veo , ustedes no son diferentes del Buda. Hoy en vuestras actividades diarias, ¿de qué carecen? El flujo de los seis sentidos (los cinco sentidos físicos y los pensamientos) nuca cesa. Quien logra verlo así es toda su vida un hombre que no tiene nada más que buscar.


Linji /Rinzai