lunes, 27 de abril de 2015

Observando en la vida diaria

La práctica realizada con entrega total acaba abrazando cada pequeño aspecto del día más cotidiano. Si se permanece suficientemente atento podemos descubrir pequeños -pero grandes- momentos de visión clara hacia nuestra realidad esencial.
Quisiera proponer unos sencillos actos cotidianos en donde podamos "darnos cuenta" de quién está realmente tras todas las identificaciones y condicionamientos. Todos podemos realizarlo de un modo natural, basta con estar atentos.

Puede habernos sucedido alguna vez que de repente sintamos que hemos perdido algo importante, como las llaves o el monedero con las tarjetas y documentos. Buscamos pero no encontramos, repasamos los lugares una y otra vez. Pensamos dónde hemos estado previamente y cuándo usamos por última vez aquello que estamos persiguiendo.
La situación interior se vuelve cada vez más nerviosa por las consecuencias de la pérdida... y de repente... ¡lo encontramos! Sin embargo durante una fracción de tiempo muy, muy pequeña, nuestro interior se mueve con la misma inercia de cuando lo habíamos perdido. Toda la química sanguínea, el pulso y la preocupación permanecen idénticos un breve espacio de tiempo... ¡a pesar de haberlo encontrado! Por un instante cohabitan "dos personas": la que ha perdido y la que acaba de encontrar. ¿Podemos darnos cuenta de que realmente "aquella persona que ha perdido ese objeto no soy yo"?
Se trata de una oportunidad que pasa fugazmente, pero centrando la atención del modo adecuado podemos impresionarnos con todo ese mecanismo psicofísico que sigue con su inercia buscando mantenerse. El mismo mecanismo que muta y se convierte en "ahora soy quien ha encontrado", aunque en esta situación más estable -en comparación a la transición anterior- al sentirse más cómodo uno, le cueste más desprenderse de la identificación.

Otra oportunidad diaria se nos brinda cuando establecemos una conversación con otra persona. Muchas veces interrumpimos o simplemente nos ponemos a pensar en nuestra respuesta o próximo argumento expositivo. ¡No estamos realmente prestando atención! Si nos ejercitamos en escuchar con toda nuestra atención, llegará un momento en el que nacerán las ganas de responder o tomar la palabra y ése es el sutil momento en el que dejamos de atender para dirigir el flujo del agua hacia los embalses de uno mismo. La dinámica mental de la identificación con el personaje que creemos ser renace y se manifiesta. ¡Éste es el momento de ver con claridad quién empuja con fuerza pretendiendo formarse con la energía que reclama para sí! Si lo vemos con claridad, es fácil reconocer que aquello no tiene nada que ver con quien es testigo de la manifestación de eso otro.

¿Quién es el verdadero testigo de los movimientos y de la manifestación?
Cualquier respuesta es un engaño.
¿Quién está queriendo responder?

Wù Liáng Shakya



martes, 17 de febrero de 2015

Respirando como una tortuga

Liu I-Ming (China, s. XVIII) siguió la tradición taoísta de los antiguos maestros. Al igual que tantos otros miraba frecuentemente la naturaleza para descubrir el Camino en las cosas más cotidianas y sencillas. Entre ellas, se encontraba el modo de respirar de los pájaros y de las tortugas. Al ver sus diferencias entendía que las aves vivían una vida más corta porque respiraban muy rápido y su corazón funcionaba muy aprisa. El caso contrario estaba en las tortugas, muchas de ellas centenarias, que expresaban su tranquilidad en respiraciones lentas.

Más allá de la clara aplicación saludable de una respiración lenta y serena, tenemos que aproximarnos a algo más importante: su origen. Ello nos lleva a centrarnos en la Causa que se expresa en lo concreto de una respiración lenta y profunda. No es una respiración por sí misma o encerrada en sí misma, sino uno de los frutos que da una mente en calma. Cada acción, cada pensamiento, cada silencio debe nacer desde este mismo estado de ecuanimidad y contemplación. Esto puede ser practicado realmente si dejamos que cada momento participe de ese mismo sabor sereno y relajado. No se trata de andar medio dormidos con la tensión arterial por los suelos, sino caminar desde una mente diáfana, libre de ataduras psicológicas (soltando lenta pero constantemente), pero participando del mismo modo en la realidad de cada día.

Existen personas que nos muestran esta enseñanza desde su propia vida de un modo ni forzado ni pretencioso. No hacen cosas extraordinarias, sino que hacen cosas normales de un modo extraordinario, actuando desde ese estado donde no están colocando un ego emisor de juicios o receptor de piropos. Tal vez pudiéramos todos entender mejor el Hacer-No-Haciendo (Wei Wu Wei) si supiéramos saborear ese trasfondo que actúa sin ser protagonista a la vez que soltamos definiciones o relativizaciones que son tanto del agrado del ego.

Esta esencia profunda y verdadera, rostro original o como quiera ser llamado (los nombres son sólo como el dedo de Hui Neng que señalaba la Luna) está ahora mismo en ti, mientras lees estas palabras, de hecho es lo único que puede estar realmente en ti perdiéndose todo lo demás. Incluso estas limitadas y torpes palabras sobran. Bastaría con respirar desde la profundidad y serenidad que se encuentra detrás de los pensamientos, imágenes, problemas y gustos.

Respirando y mirando el mundo desde los ojos de una sencilla tortuga.

jueves, 28 de agosto de 2014

Anātman, la característica del No-Yo

En el camino del Dharma, no se busca que las enseñanzas o los sermones sean aceptados sin más. No se puede aspirar tampoco a la aceptación a través de un razonamiento intelectual. Esto es algo bueno, es magnífico que la evolución haya dado la capacidad de razonar a la especie humana. Sin embargo no podemos limitarnos a definirnos a nosotros mismos como ‘aquello que razona’ o ‘el producto de todos mis razonamientos’.

Somos una expresión de vida y de consciencia. Por ello sentimos, pensamos, actuamos y cambiamos. Cada una de estas expresiones tiene un inicio y un fin. Cada sensación, cada pensamiento y cada acto nace y muere, pues su naturaleza es impermanente. No son por sí mismos. No tienen una existencia independiente. Esta ley de la naturaleza es la misma que vemos en nuestro propio cuerpo, que cambia momento a momento, y en cada cosa en la que ponemos nuestros ojos. ¿Dónde está su existencia? Ello es un momento, un suspiro, un abrir y cerrar de ojos en donde nos engañamos a nosotros mismos, porque somos capaces de ver las olas en la superficie, apareciendo y desapareciendo, pero no nos damos cuenta del fondo del mar.

Nos confundimos porque hablamos de ‘olas’ y de ‘mar’, de ‘esto’ y ‘aquello’ y nos separamos de su propia realidad.

Cuando nos centramos en la meditación usando la atención en la respiración, anapanasati, decimos que el aire entra por las fosas nasales y el aire sale por las fosas nasales. Esto está bien para empezar, pero hay que ir más lejos. Estamos PENSANDO ‘ahora el aire entra’ y ‘ahora el aire sale’. ¿Dónde está el aire? No hay una cosa que sea por sí misma ‘aire’. Deberíamos decir ‘entra y sale una masa de gases de distintos tipos por mis fosas nasales’. Aunque más que ‘gases’, ¿por qué no hablar de moléculas? ¿Por qué no de átomos? ¿Por qué no hablar de sus integrantes? ¿Qué hay de las divisiones de éstos? ¿Quarks? ¿Vibraciones? Por lo visto no salimos del dominio de los pensamientos. Ser conscientes de nuestra respiración no es analizar lo que sucede, no es tomar las entradas sensoriales y juzgarlas, aunque sea de un modo científico, sin apego o aversión. Observar es observar. Atención es atención. Si queremos llegar a vivir con plena consciencia no podemos quedarnos atrás en el dominio de la mente que piensa y analiza. Si los pensamientos surgen, eso no es algo malo. Hay que mirarlos con la ecuanimidad que nos permita no aferrarnos a ellos. Así mostrarán su verdadera naturaleza, que es la impermanencia. Tal y como han venido, se irán de nuestro campo de atención. Así también ocurre con las sensaciones de nuestro propio cuerpo.

Pensar en la respiración no es tomar consciencia de la respiración. Soltando entonces los conceptos nos queda la experiencia desnuda, tal cual. De nuestros conceptos emerge la multiplicidad de las cosas que vamos definiendo, a veces de un modo enfermizo. Nacen los mil ‘yoes’ y, mientras los agarramos en nuestra mente, no somos capaces de ver la impermanencia. Ver la impermanencia no es conceptualizarla, aunque en un escrito como éste estemos recurriendo continuamente a las palabras. Ver la impermanencia es resultado de la Correcta Atención, así como el engaño que nos creamos nosotros mismos al definir y conceptualizar todo lo que está a nuestro alrededor. Esto no debe ser válido como razonamiento, ni nada parecido. Como mucho podrá ser tomado como referencia para ver la evolución de la práctica del camino meditativo.

Si allá donde hemos puesto conceptos y nombres hay impermanencia en todas las cosas, ¿dónde está la impermutabilidad que pretendemos llamar el ‘yo’ de esto o aquello? Si la disolución alcanza cada rincón de la mente, aunque sea por un instante diminuto, entonces se empieza a intuir la verdadera naturaleza, no de un objeto, una persona o una idea, sino la verdadera naturaleza de la verdadera naturaleza.

¡Soltemos las prisiones de los conceptos y de los yoes! Y respecto a estas palabras no aceptéis nada de esto, pues nos quedaríamos en una nueva cárcel intelectual. Vivamos y experimentemos la respiración y cada cosa con atención plena, no nos dediquemos a pensarla.

Impermanencia, No Existencia de un Yo independiente o por sí mismo, y Sufrimiento por no entender realmente esta Verdad de la Naturaleza, no son tres cosas (aunque lo definamos como las caracteríasticas de todas las cosas), a pesar de usar estos términos o conceptos para comunicar unos a otros cosas más profundas que están bajo las cáscaras.

Os deseo que la experimentación directa de esta realidad nos libere a todos.

Wù Liáng Shakya




martes, 17 de septiembre de 2013

Volver a la Fuente

Se dice en el Tao Te King: “volver es el movimiento del Tao”. Todos podemos ver las mil expresiones de lo que se conoce como Taoísmo.
Desde la práctica de ciertas artes marciales hasta el cultivo de la salud mediante un sistema bien definido (y efectivo), pasando por danzas, meditaciones singulares, pintura, y un largo etcétera, todo ello parece estar dentro de ese misterioso Tao.
 En la base que las diversas artes usan para hablar de su historia y fundamentos está la enseñanza de los grandes clásicos Lao Zi, Zhuang Zi y Lie Zi, por citar sólo a los llamados canónicos. Sin embargo el punto de atención no está en ellos –que no sería lo importante- ni en su profundo mensaje –que es lo realmente importante-. El objetivo está centrado en un camino de realización de un superhombre en cada uno de los practicantes. Hemos perdido la Fuente para seguir el curso del río y deleitarnos en los valles. Quiero advertir ante todo que hacer esto no es en absoluto un error. Es, de hecho, una opción que reporta grandes beneficios y recompensas. Es un camino hermoso, digno, y que no debe quedar sólo en la tradición oriental, porque forma parte de la gran herencia de la cultura humana.
 Pero no es el camino del Tao que no puede ser expresado con palabras…
 Una ayuda para volver a apuntar hacia la Fuente, el Tao, la Naturaleza Original, la Mente Pura:
·  Cesa de llamarlo Tao, recuerda que lo llamamos Tao aunque en verdad es innombrable.
·  No lo identifiques con una manifestación particular (comida, hábitos de vida, cultura china…) se trata de una pureza en el modo de vivir de cada uno, no en un único modo de vivir
·  No te identifiques como seguidor del mismo a través de un modo particular (artes marciales, hábitos de vida, cultura china…)
·  Búscalo en lo más cotidiano, ordinario y cercano (árbol que hay cerca de tu domicilio, un hombre que prepara una caña para pescar, una mujer que sonríe, un perro que huele el suelo, un niño que juega con una pelota…)
·  Piérdelo en lo intelectual y siente cómo la sensación de pérdida es acompañada de algo más. Descubre qué es ese “algo más”.
 La Naturaleza Original y Pura, lejos de los condicionantes artificiales, y ajena a la búsqueda de identificación de un ego.

La inmortalidad no consiste en un cuerpo que no muere, sino en descubrir que no hay una vida ajena e independiente de todo lo demás. La eternidad se manifiesta en el cambio. Aquello que permanece bajo todos los cambios, ahí está la Fuente.
Las etiquetas ayudan a "apuntar hacia la Luna, pero no son la Luna".
Liáng

jueves, 14 de febrero de 2013

Los poderes sobrenaturales

Tradicionalmente al Buda Shakyamuni se le han atribuido grandes poderes y dones sobrehumanos. Entre otras cosas se decía que El Bendito tenía el conocimiento de todas las cosas del universo. A día de hoy podemos ver que la admiración lleva a hacer de ciertas cosas otras superiores. Muchas veces lo hacemos inconscientemente, porque valoramos tanto a la persona que la situamos (la clasificamos y la juzgamos, lo que es un acto típico de aquellos "jueces" que están todavía más alto) por encima de lo que entendemos como normal.

En el caso del Buda, el hecho de no entender su mensaje y enseñanzas del sufrimiento y del cese del sufrimiento, nos lleva a buscar al Buda en otras cosas en donde la imaginación, y las leyendas del folklore ponen su ayuda.

Sobre los supuestos poderes sobrenaturales del Buda, el Maestro Linji (Rinzai) hizo la siguiente manifestación:

Decís que el Buda tenía poderes sobrenaturales, que obraba maravillas. Pero todos los demonios tienen poderes sobrenaturales. ¿Son por ello budas? Seguidores del Camino, no os dejéis engañar.

Para mí todos esos poderes son kármicos y dependientes. No son los poderes que poseyó el Buda: ver sin dejarse engañar por el color y la forma, oír sin dejarse engañar por el sonido, oler sin dejarse engañar por los olores, gustar sin dejarse engañar por los sabores, tocar sin dejarse engañar por el tacto y pensar sin dejarse engañar por las configuraciones mentales. Por lo tanto, las seis esferas de forma, sonido, olor, gusto, tacto y configuraciones mentales son informes: no pueden atar a un hombre independiente de verdad.

Aunque los skandhas (los cinco agregados) son permeables por naturaleza, al dominarlos se convierten en vuestros poderes sobrenaturales aquí en la tierra.
(de las crónicas de Linji)

En lo realtivo a otras tradiciones espirituales se dice que, aunque puedan aparecer bellas flores al borde del camino, las flores no son el camino ni tampoco la meta del mismo.

El Buda no está en la estatua de Siddhartha Gautama y tampoco lo está en sus restos mortales. La Mente es el Buda y el Buda es la Mente. Por eso empleó largas décadas en compartir su mensaje, porque todos podemos lograr el reconocimiento de la naturaleza búdica que traspasa los cinco agregados y todos los reinos. Porque Él supo que su mensaje sería bueno para nosotros, practiquemos con fe y sigamos moviendo la Rueda.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Entrando en el fuego

La única manera de obtener el máximo de apertura es vivir cada instante sin una sola idea preconcebida. Si no, nos resistimos a eso que no encaja en nuestro modelo. A pesar de lo mucho que sepamos o de lo evolucionados que estemos, hemos de dejar todo eso y entrar en el misterio desnudos y sin defensas.

A veces, sin ninguna respuesta a la que asirnos, nos parecerá como si no fuéramos nada. En otras ocasiones, apabullados por la rugiente vorágine de la vida, nos parecerá como si lo fuéramos todo al mismo tiempo. Estas dos impresiones son en verdad las dos caras de una misma moneda. Son un preludio de lo que ocurre cuando la barreras de nuestra personalidad se vuelven porosas. Entonces encaramos la vida directamente sin nada que mengüe en intensidad. En estos instantes percibimos claramente cómo el "yo" con el que cargamos no es más que una herramienta de nuestro organismo, un sistema que nos permite funcionar, pero también nos damos cuenta de que, milagrosamente, tenemos la habilidad para abirnos paso a través de él.

Raphael Cushnir

lunes, 5 de noviembre de 2012

Las enseñanzas de mi madre, de Hua-Ching Ni

El misterioso Tao, sereno, natural y fuente de todo cambio en el universo, puede ser descubierto en la vida de todos los días. Como también advirtió el maestro Fa Chāo Shakya en un comentario en este mismo blog: La enseñanza de ser como el agua realmente maravilla su simpleza, y como simple que es "casi imposible" que la "logremos" poner en práctica habitualmente. Si fuera compleja el intelecto encontraría cientos de teorías de como "hacerla"... La gente persigue las cosas complicadas porque parece que así se marca un dualismo entre los "adeptos" y los que no lo son, cultivando el ego de las personas y su propio engaño.

El Camino no pertenece a conceptualización alguna, ni siquiera al taoismo y a sus enseñanzas (por muy buenas que éstas sean en aspectos tan fundamentales como la vida sana y el arte de la longevidad). La intuición del Camino del Cielo ha estado en muchas personas de orígenes distintos, tanto temporales como geográficos. El problema está en que muchos seguidores se quedaron con las cosas que dijeron sin entender jamás el origen de todas esas palabras, en un estado por encima del dogmatismo del lenguaje.

El Camino sigue al orden natural de las cosas. ¡No puede haber nada artificial ni dualístico en esto! En el mundo natural, cada cosa tiene su causa y su misión/necesidad vital/sentido. No se trata de un capricho sino de una expresión de todo lo demás en aquella parte. La parte y el "todo lo demás" son lo mismo y están en el mismo plano.

Así, la búsqueda de este "orden sin orden impuesto", de este fluír natural, también puede encontrarse en lo más sencillo de nuestra propia vida.

En el libro El Tao de la vida cotidiana (Entering the Tao), Hua-Ching Ni nos habla de la gran lección que su madre le ofreció cuando éste era un muchacho que se encerraba persiguiendo la sabiduría intelectual de los grandes maestros:

[Mi madre] Me dijo: Crees que el Tao es citar nobles frases de los libros. Meditar arriba, en tu habitación, a eso le llamas el Tao. Crees que leer esos libros te convertirá en amigo de los sabios. Crees que es el Tao, pero no lo es. Lo haces por tu propio placer. Has de saber que cuando yo era joven también tenía las mismas ideas fantásticas sobre el Tao, y me comportaba como tú. Creía que lo cotidiano y lo mundano era laico y profano. 
Pero mi mente se iluminó, descubrí qué era en realidad el Tao, y me casé con tu padre y os tuve a los cuatro. Desde entonces sé que tener hijos es el Tao, que criarlos, alimentarlos, cambiarles los pañales y hacer vestidos es el Tao. En la vida, todo lo que hagas con serenidad y sentido es el Tao (comentario de Liáng: mediten bien esta frase, pero por favor no la tomen como una definición formal o un concepto).
Todo lo que esté más allá de tus obligaciones, de la contribución y actitud positiva hacia la vida, no es el Tao. Si no creyera que es el Tao, ¿para qué traerte al mundo? ¿Para qué continuar con la rutina diaria de lavar, cortar los alimentos, cocinarlos, servir las verduras y el resto de la comida y esperar que vengáis a comer? Lo hago porque creo que es la auténtica vida.
No me engaño en ningún momento. Vivo conectada con el Cielo, siento respeto por mí misma y valoro mi trabajo. Siento que vivo con rectitud, no me aprovecho ni dependo de nadie: hago lo que debo hacer y viviendo de ese modo no necesito plantearme si tengo el Tao, si necesito alcanzarlo o cualquier otra cosa.
Crees que leer textos sagrados y tener un grupo de personas que te escuchen es el Tao, pero no es cierto, ése no es el modo de practicar el Tao.

-Hua-Ching Ni